Encuentro Nº 17: MI FE. AQUÍ
Y AHORA
OBJETIVO
Revisar nuestras actividades cotidianas para crecer
en la integración entre la fe que tenemos
y la vida.
MOTIVACION
PLENARIO. El animador invita a
que alguno de los participantes lea en voz alta
este cuento, luego de repartir copias del mismo
a cada uno de los integrantes.
El título del cuento es
HILO PRIMORDIAL de Mamerto Menapace en su libro
Madera verde de Ed. Patria Grande.
Agosto estaba terminando tibio.
Había llovido en la última semana
y, con el llanto de las nubes, el cielo se había
despejado. Cuando se acerca setiembre, suele suceder
que el viento de tierra adentro sopla suavemente
y a la vez que va entibiando su aliento, logra devolver
al cielo todo su azul y su luminosidad.
Y aquella tarde, pasaje entre agosto y setiembre,
el cielo azul se vio poblado por las finas telitas
voladoras que los niños llaman Babas del
Diablo. ¿De dónde venían? ¿Para
adónde iban? Pienso que venían del
territorio de los cuentos, y avanzaban hacia la
tierra de los hombres.
En una de esas telitas, finas y misteriosas como
todo nacimiento, venía navegando una arañita.
Pequeña: puro futuro e instinto.
Volando tan alto, la arañita veía
allá muy abajo los campos verdes recién
sembrados y dispuestos en praderas. Todo parecía
casi ilusión o ensueño para imaginar.
Nada era preciso. Todo permitía adivinar
más que conocer.
Pero poco a poco la nave del animalito fue descendiendo
hacia la tierra de los hombres. Se fueron haciendo
más claras las cosas y más chico el
horizonte. Las casas eran ya casi casas, y los árboles
frutales podían distinguirse por los floridos,
de los otros que eran frondosos.
Cuando la tela flotante llegó en su descenso
a rozar la altura de los árboles grandes,
nuestro animalito se sobresaltó. Porque la
enorme mole de los eucaliptos comenzó a pesar
misteriosa y amenazadoramente a su lado como grises
témpanos de un mar desconocido.
Y de repente: tras!
Un sacudón conmovió el vuelo y lo
detuvo. ¿Qué había pasado?
Simplemente que la nave había encallado en
la rama de un árbol y el oleaje del viento
la hacía flamear fija en el mismo sitio.
Pasado el primer susto, la arañita, no sé
si por instinto o por una orden misteriosa y ancestral,
comenzó a correr por la tela hasta pararse
finalmente en el tronco en el que había encallado
su nave. Y desde allí se largó en
vertical buscando la tierra. Su aterrizaje no fue
una caída, fue un descenso. Porque un hilo
fino, pero muy resistente, la acompaño en
el trayecto y la mantuvo unida a su punto de partida.
Y por ese hilo volvió luego a subir hasta
su punto de desembarco.
Ya era de noche. Y como era pequeña y la
tierra le daba miedo, se quedó a dormir en
la altura. Recién por la mañana volvió
a repetir su descenso, que esta vez fue para ponerse
a construir una pequeña tela que le sirviera
en su deseo de atrapar bichitos. Porque la arañita
sintió hambre. Hambre y sed.
Su primera emoción fue grande al sentir que
un insecto más pequeño que ella había
quedado prendido en su tela-trampa. Lo envolvió
y lo succionó. Luego, como ya era tarde,
volvió a trepar por el hilito primordial,
a fin de pasar la noche reencontrándose consigo
misma allá en su punto de desembarco.
Y esto se repitió cada mañana y cada
noche. Aunque cada día la tela era más
grande, más sólida y más capaz
de atrapar bichos mayores. Y siempre que añadía
un nuevo círculo a su tela, se veía
obligada a utilizar aquel fino hilo primordial a
fin de mantenerla tensa, agarrando de él
los hilos cuyas otras puntas eran fijadas en ramas,
troncos o yuyos que tironeaban para abajo. El hilo
ese era el único que tironeaba para arriba.
Y por ello lograba mantenerse tensa toda la estructura
de la tela.
Por supuesto, la arañita no filosofaba demasiado
sobre estructuras, tironeos o tensiones. Simplemente
obraba con inteligencia y obediencia a la lógica
de la vida de su estirpe tejedora. Y cada noche
trepaba por el hilo inicial a fin de reencontrarse
con su punto de partida.
Pero un día atrapó un bicho de marca
mayor. Fue un banquetazo. Luego de succionarlo (que
es algo así como: vaciar para apropiarse)
se sintió contenta y agotada. Esa noche se
dijo que no subiría por el hilo. o no se
lo dijo. Simplemente no subió. Y a la mañana
siguiente vio con sorpresa que por no haber subido,
tam poco se veía obligado a descender. Y
esto le hizo decidir no tomarse el trabajo del crepúsculo
y del amanecer, a fin de dedicar sus fuerzas a la
caza y succión de presas que cada día
preveía mayores.
Y así, poco a poco fue olvidándose
de su origen, y dejando de recorrer aquel hilito
fino y primordial que la unía a su infancia
viajera y soñadora. Sólo se preocupaba
por los hilos útiles que había que
reparar o tejer cada día, debido a que la
caza mayor tenía exigencias agotadoras.
Así amaneció el día fatal.
era una mañana de verano pleno. Se despertó
con el sol naciente. La luz rasante irizaba de perlas
el rocío cristalizado en gotas en su tela.
Y en el centro de su tela radiante, la araña
adulta se sintió el centro del mundo. Y comenzó
a filosofar. Satisfecha de sí misma, quiso
darse a sí misma la razón de todo
lo que existía a su alrededor. Ella no sabía
que de tanto mirar lo cercano, se había vuelto
miope. De tanto preocuparse sólo por lo inmediato
y urgente, terminó por olvidar que más
allá de ella y del radio de su tela, aún
quedaba mucho mundo con existencia y realidad. Podría
al menos haberlo intuido del hecho de que todas
sus presas venían del más allá.
Pero también había perdido la capacidad
de intuición. Diría que a ella no
le interesaba el mundo del más allá;
sólo le interesaba lo que del más
allá llegaba hasta ella. En el fondo sólo
se interesaba por ella y nada más, salvo
quizá por su tela cazadora.
Y mirando su tela, comenzó a encontrarle
la finalidad a cada hilo. Sabía de donde
partían y hacia dónde se dirigían.
Dónde se enganchaban y para qué servían.
Hasta que se topó con ese bendito hilo primordial.
Intrigada trató de recordar cuándo
lo había tejido. Y ya no logro recordarlo.
Porque a esa altura de la vida los recuerdos, para
poder durarle, tenían que estar ligados a
una presa conquistada. Su memoria era eminentemente
utilitaria. Y ese hilo no había apresado
nada en todos aquellos meses. Se preguntó
entonces a dónde conduciría. Y tampoco
logró darse una respuesta apropiada. Esto
le dio rabia. Caramba! Ella era una araña
práctica, científica y técnica.
Que no le vinieran ya con poemas infantiles de vuelos
en atardeceres tibios de primavera. O ese hilo servía
para algo, o había que eliminarlo. Faltaba
más, que hubiera que ocuparse de cosas inútiles
a una altura de la vida en que eran tan exigentes
las tareas de crecimiento y subsistencia!
Nunca lo hubiera hecho! Al perder su punto de tensión
hacia arriba, la tela se cerró como una trampa
fatal sobre la araña. Cada cosa recuperó
su fuerza disgregadora, y el golpe que azotó
a la araña contra el duro suelo, fue terrible.
Tan tremendo que la pobre perdió el conocimiento
y quedó desmayada sobre la tierra, que esta
vez la recibiera mortíferamente.
Cuando empezó a recuperar su conciencia,
el sol ya se acercaba a su cenit. La tela pringosa,
al resecarse sobre su cuerpo magullado, lo iba estrangulando
sin compasión y las osamentas de sus presas
le trituraban el pecho en un abrazo angustioso y
asesino.
Pronto entró en las tinieblas, sin comprender
siquiera que se había suicidado al cortar
aquel hilo primordial por el que había tenido
su primer contacto con la tierra madre, que ahora
sería su tumba.
Esta parábola no es mía.
La contaba un gran obispo húngaro, Mons.
Tihamer Toth, que fue capellán en la Gran
guerra.
¿De qué habla el cuento?
DESCRIPCION DE LA EXPERIENCIA
PERSONAL. Para profundizar nuestra experiencia de
Dios en la vida cotidiana, el animador propone que
cada uno arme una cruz a partir de sí mismos,
de nuestras actividades, de nuestros gustos, de
lo que queremos y hacemos. Para eso tenemos en esta
caja las piezas de un rompecabezas. Lo hacemos con
la siguiente consigna: Elijo cuáles son las
piezas que representan los ámbitos de mi
vida donde siento que expreso mi fe y con ellos
armo una cruz con la cantidad de piezas que cada
uno disponga.
Cada una de las piezas debe tener
escrito alguno de los ámbitos que aparecen
en la lista, eso permitirá la libre elección
para armar la cruz. Es importante que cada pieza
esté repetida varias veces para permitir
que los miembros del grupo dispongan de las piezas
que creen más convenientes.
Lista de ámbitos: deporte
- misa - cine/video - oración - comunión
- televisión - familia - capilla/parroquia
- novia/o - hobbies - vacaciones - la naturaleza
- el barrio - trabajo grupo misionero - grupo de
la parroquia - Iglesia - clase de catequesis. Algunos
cuadrados pueden quedar en blanco para quien quiera
completar con alguna otra alternativa y/o para dejar
su cruz con "lugares en blanco".
DE A DOS. Para compartir la propia
cruz a partir de la siguiente pregunta:
¿Con qué hechos concretos se manifiesta
mi fe en cada uno de estos ámbitos?
¿Por qué elegí estas piezas?
¿Qué pasó con las que no elegí?
¿Qué ámbitos de mi vida no
están integrados a mi fe?
ANALISIS
GRUPOS DE TRES.
¿En qué ámbitos de la vida
de los jóvenes cuesta más integrar
"fe-vida"?
¿En qué ámbitos se da más
fácilmente y por qué?
PUESTA EN COMUN de lo compartido.
APORTE A LA REFLEXION. Seguramente existan piezas
que no hayan sido elegidas pero que tienen que ver
con mi vida sin que expresen mi fe. Vivir la fe
no solo es "hablar de Dios" o hacerse
la señal de la cruz cuando se pasa frente
a una iglesia. La forma en que me expreso y me relaciono,
los criterios y los valores... todo habla de mi
ser cristiano.
La idea que trabajamos en esta ficha es la coherencia
y el llamado a la santidad "desde que me levanto
a la mañana hasta que me duermo" integrando
la fe y la vida, apuntando a vivir plenamente el
evangelio. Puede ser que los integrantes de mi familia
no tengan conocimientos de la Biblia, o no bendigan
los alimentos, o no vayan a misa, sin embargo es
probable que tengan actitudes evangélicas,
como por ejemplo ser amable, estar disponible, cuidar
a un enfermo, las tareas cotidianas, etc. Así
como también puede suceder que en una familia
se rece mucho, se participe en una parroquia intensamente
y sin embargo en casa no haya diálogo, cada
uno haga la suya, etc.
DISCERNIMIENTO CRISTIANO
Ambientación: Poner una vela en el centro
sin encender y colocar alrededor de ella, las cruces
que cada uno armó, además de los cartoncitos
que no se usaron.
Leemos Mt. 5, 13-16
El animador enciende una vela como signo de la presencia
de Jesús en nuestra vida cotidiana representada
en estas cruces. Y guía la oración
con las siguientes preguntas. A la luz de la "lámpara"
¿qué logro ver de mi vida cotidiana?
¿qué cosas concretas favorecen o sirven
de "aceite" para mi lámpara?
En un afiche propone responder a la siguiente pregunta
¿qué relaciones o ámbitos debería
poner bajo esa luz?
Finalmente cantamos "Yo Soy
el Camino"
Yo soy la luz del mundo
no hay tinieblas junto a mí.
Tendrán la luz de la vida
por la Palabra que les di.
YO SOY EL CAMINO FIRME
YO SOY LA VIDA Y LA VERDAD
POR MI LLEGARÁN AL PADRE
Y AL SANTO ESPÍRITU TENDRÁN.
Yo soy el Pan de Vida
y con ustedes me quedé.
Me entrego como alimento
soy el misterio de la fe.
Yo soy el Buen Pastor
y por amor mi vida doy.
Yo quiero un solo rebaño
soy para todos Salvador.
Yo soy la Vid verdadera
mi Padre Dios el viñador.
Produzcan fruto abundante
permaneciendo en mi amor.
Yo soy Señor y Maestro
y un mandamiento nuevo doy.
Que se amen unos a otros
como los he amado yo.