Quizás por la influencia del Card. Martini en esta década comenzaron a organizarse varios encuentros o grupos de oración con una fuerte impronta bíblica. Estos grupos, por lo general, no pertenecen a ningún movimiento en particular aunque tienen estilos bastante parecidos.Sus pilares son la oración común, la Palabra de Dios, el compartir experiencias en pequeños grupos, el silencio, el lugar apartado y los signos y gestos sacramentales. Además, los que han participado de uno de estos encuentros sienten como una obligación de dar una mano para organizar otros similares.Tienen diversos orígenes, como los numerosos encuentros, retiros, campamentos y jornadas que se organizan para crecer en la oración y profundizar el encuentro personal con Dios. También ayudó el ejemplo del movimiento de Cursillos, La Comunidad de Taizé en Francia, la experiencia de los grupos misioneros, los grupos de oración mariana, etc.Hay un cambio constante de formas, a medida que los jóvenes organizadores se enteran o experimentan cosas distintas en diferentes lados. Podría decirse que no hay una única o unas pocas escuelas de oración sino un intercambio muy dinámico de experiencias.Los jóvenes que convocan estos momentos de oración suelen crear pequeños movimientos de influencia local que asombran tanto por su cantidad como por su atomización. No hay nada que se parezca a algún tipo de comunión orgánica.Muchos de estos movimientos sugieren a los jóvenes que, concluida una etapa, formen pequeños grupos o "círculos" para ayudarse mutuamente a crecer en la fe. Si bien son pocos los que perseveran más de tres años, son importantísimos en la vida de los chicos. En los encuentros quincenales o semanales comentan cómo les ha ido en su compromiso de fe y en sus propósitos, piden ayuda para reafirmar la fe o discernir los espíritus y rezan los unos por los otros y sus intenciones. Son el lugar por excelencia donde desarrollan amistades cristianas que los acompañarán en el futuro.