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“Misionando en Corrientes, tuve el
privilegio de conocer un altar hogareño. Estaba ubicado
en el living de la casa. Todo el lugar estaba adornado con guirnaldas
de varios colores y había una Virgen Patrona de la región.
Al observar mejor, descubrí algo que me llamó la
atención: parecía un rosario de caramelos.
La familia de la casa me contó que en las fiestas patronales,
los esposos bailan el chamamé rodeados con el rosario.
Es símbolo de prosperidad y unión familiar. Al terminar
el rito, se lo entregan a la familia vecina, que promete hacer
lo mismo el siguiente año”. (Una misionera)
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¿Qué es
la religiosidad popular, también llamada la Fe del
pueblo?
El documento de Puebla –emitido en 1979 por los obispos
latinoamericanos después de la reunión realizada
en Puebla, México- lo define bien: “Es el conjunto
de creencias propias de la cultura y religión de
un determinado pueblo”. En otras palabras, es la forma
popular de sentir lo religioso y, sobre todo, de expresarlo.
La fe expresada en el “Paseo Santo”, por los
“prometeros”, en los “altares hogareños”;
en las peregrinaciones, ya sea a Luján, a Iratí
o a San Cayetano.
La religiosidad es el ejercicio
de la religión. Entendiendo lo que significa la religión
para el cristiano, sabremos más acerca de su ejercicio. |
La religión es un re-ligarse con Dios,
una común unión con lo Divino. Un conjunto de mediaciones
utilizadas por el hombre para relacionarse mejor con su Creador.
Por otra parte, popular es lo relativo al pueblo; entendiendo
qué es el pueblo, sabremos qué es lo popular. Diré,
entonces, que se trata de un grupo de hombres unidos por una misma
cultura y una misma historia. De esta manera, se sigue que la
religiosidad popular es la comunión de un pueblo con sus
credos, es decir, con Dios.
Algunas líneas más arriba,
decíamos que la religión es un conjunto
de mediaciones utilizadas por el hombre. Pero, ¿qué
es una mediación? Les cuento: es como un puente
que une, relaciona, comunica al hombre con Dios. De esta
manera, son mediaciones los sacramentos, la oración
y los distintos ritos litúrgicos. La religiosidad
popular de un pueblo se da a conocer a través de
estos últimos. Son ritos, por ejemplo, el bautismo
y los funerales; las peregrinaciones y el tomar gracia
de las imágenes santas, etc. Los ritos celebran
religiosa y trascendentalmente lo que el pueblo vive.
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Pareciera que tantos los ritos, las devociones,
como la religiosidad popular, hoy en día, no son tenidas
en cuenta.
Los corazones de muchos de nosotros manifiestan palabrerías
tales como:
¡Esto no es religión!
¡Esa manera de rezar es supersticiosa, no sirve!
¡Es una religión superficial!, etc.
A pesar de estos prejuicios, es necesario comprender que sin una
verdadera religiosidad popular sería muy difícil
instaurar una religión de mayor reflexión.
Una última observación nos
lleva a lo dicho por Pablo VI: “Esta piedad popular es vivida
por los pobres y sensibles”.
Siguiendo estas palabras, debemos tener siempre presente que todos
los pueblos y culturas de los hombres están llamados a
ser parte de la Iglesia de Cristo.
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Ojos que ven, corazón que siente
“Siempre
me impresionó muchísimo cómo está
arraigada en nuestro país la devoción a la
Virgen María. Counido misioné en el norte,
veía que la gente sencilla guardaba un gran amor
a la Virgen de Iratí. Así es como jóvenes
y adultos peregrinaban 150 kilómetros manifestando
la fuerza de su devoción.
Lo que más me llamó la atención fue
descubrir que dentro del corazón de cada hombre existe
un ansia radical de encontrarse con Dios” (Sergio
Iglesias, diácono de Santa Teresita). |
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Fe a la Virgen, fe a la Iglesia.
Las
expresiones de religiosidad popular argentina –aún
tratándose de las formas más modernas, como
el Sagrado Corazón y la Virgen de la Merced- tienen
su origen en la época evangelizadora española.
Entre los años 1850 y 1950 fueron asumidas por lo
iglesia para conservar viva la fe de nuestro pueblo. Durantes
este período la política antieclesial intentó
destruir el sentido de pertenencia criollo a la Iglesia.
A pesar de este movimiento, en el medio criollo reinaba
un esfuerzo extraordinario por permanecer fieles a la Iglesia.
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